En la Palabra
Lectura: Lucas 14 - 15

En la Práctica
Las historias del gran banquete y del hijo pródigo tienen una enseñanza
para el pueblo de Israel. En el caso del gran banquete, los israelitas desprecian
la invitación del Señor por su religiosidad y por ello el Señor invita al
pueblo Gentil a gozarse del banquete. Sin embargo, también tiene una aplicación
práctica para los cristianos. El Señor nos invita a servir en las cosas que
tienen valor eterno y muchos estamos ocupados en las cosas temporales
despreciando la invitación del Señor. Igualmente, para los no creyentes, el Señor
los invita al banquete de salvación, pero están tan ocupados en su vida
pecaminosa que desprecian el sacrificio de Jesucristo en la cruz. Tristemente
esta actitud tiene consecuencias terribles en la eternidad. Por otro lado, la
historia del hijo pródigo es una bella historia, que es la historia de cada uno
de los pecadores que nos hemos arrepentido. Nos apartamos de Dios, nos vamos
por nuestro propio camino, gastamos nuestra vida en todo lo que no es valioso y
nos deja grandes heridas emocionales pero un día encontramos el amor de Dios que
nos restaura. En esta historia, sin embargo, el Señor quería resaltar no tanto
la actitud del hijo menor (gentiles) sino la actitud del hijo mayor (Israel)
quien en lugar de gozarse por la salvación de los gentiles, se enojó contra el
propósito del Padre. Como cristianos, a veces somos como el hijo mayor, cuando
un hermano cae, se le critica en lugar de restaurarlo. El Señor Jesús vino a
buscar y salvar lo que se había perdido. Debemos aprender del corazón de Jesús
para buscar y gozarnos con aquellos que se arrepienten y encuentran salvación.
En Oración
Padre, gracias por tu amor porque aún que estaba perdido, tuviste
misericordia. En el nombre de Jesús, amén.
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